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¿Nunca jamás otro como Auschwitz?

Hambre: crimen político



Para que la humanidad no vuelva a conocer nuevos Auschwitzs, la ONU conmemoró ayer 24 de enero, cuando se cumple el 60º de la “liberación” de éste, el final de los campos de concentración nazis . Su existencia es una de las mayores barbaries en la historia de la humanidad, y, en consecuencia, motivo de vergüenza para todos los hombres, no sólo para Alemania.

Está bien el recuerdo, y es, de hecho, necesario. Pero, ¿de qué valen los ejercicios de recordar por recordar, además de tranquilizador de conciencias colectivas, en especial para las superpotencias mundiales, autoerigidas en garantes de la libertad y la democracia?

Las buenas intensiones de la ONU llegan tarde: ya se han producido más Auswchitzs. Los historiadores aún discuten la cifra exacta de los asesinados en este campo del horror, pero en la actualidad los estudios más serios coinciden en señalar que entre un millón cien mil y millón y medio de personas fueron gaseadas, el 90%, dicen, eran judíos. La FAO, organismo dependiente de la ONU para la agricultura y la alimentación mundial, reconoce que cada día mueren 100.000 personas de hambre. También en los campos de concentración nazis, grandes renovadores del horror, se hicieron experimentos científicos con humanos. De nuevo, hoy, el tercer mundo es un gran laboratorio donde los pobres son usados como cobayas.

“QUE HOY MUERA GENTE DE HAMBRE ES UN CRIMEN”, ha dicho Jean Ziegler . En un mundo cada vez más rico, 30 millones de seres humanos mueren cada año de hambre y otros cientos sobreviven gravemente malnutridos , cuando técnicamente, por primera vez en la historia, es posible acabar con él y alimentar dos veces a toda la población de la tierra, por tanto, es un asesinato permitido y premeditado, es negocio. En menos de un mes, cada mes… un nuevo Auswchitz por hambre, y ahora, en nuestros días. El HAMBRE, que afecta al 82% de la población mundial, es un CRIMEN CONTRA LA HUMANIDAD, del que no se habla.

El recuerdo debe ir acompañado del aprendizaje, para no volver a repetir el tropiezo en la piedra, y la caída. Está bien recordar el fin de Auswchitz y de los campos de concentración, pero, ¿de qué sirve el llanto si la caída es repetida porque no pusimos remedio? Ante nuestro Auswchitz, el hambre, escándalo para el siglo XXI, que mata masivamente, ¿qué haremos?, ¿cuántos Auswchitz, hablo de cifras de muertos, se producen cada año?, ¿seguiremos mirando hacia otro lado?

Quizá nos sentará el futuro en otro Nuremberg, hoy “celebraremos” un aniversario mientras ignorábamos a los 50.000 niños que morían cada día… gaseados por el hambre.
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