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Sintetizando:

Educación solidaria

El planteamiento del sistema educativo se estructura de la siguiente forma:

Educación infantil y primaria: función de legitimación social.
Educación secundaria: función de selección.
Educación superior: preparación de mano de obra para las multinacionales: aprender a aprender.
Educación de postgrado: especialización.

¿Dónde queda la solidaridad en todo esto?. El sistema se preocupa de que haya también un porcentaje de especializados en educación para la paz, para el desarrollo, para el medio ambiente... Trata de que haya un grupo de expertos encargados de dar conferencias, poner en marchas interesantísimas experiencias en un colegio, crear materiales para el aula, escribir libros, en definitiva dar un barniz al sistema educativo, que organizando una actividad llamativa al año (el día de la paz es el mejor ejemplo) cumplen el expediente. El resto del ambiente educativo salimos esa vez al año para mantener las apariencias y punto. Sí cada vez se habla más de solidaridad, de paz en la escuela... pero ¿de qué estamos hablando?. En unas jornadas educativas en Valladolid se presentaban distintas experiencias que se habían puesto en marcha en torno a la educación para la paz. La más aplaudida fue la de unos que se habían dedicado a hacer ¡un pin de una paloma! En muchos colegios concertados y estatales la solidaridad se convierte en limosneo. En muchos privados existe peleas por ver qué colegio recauda más dinero para la ONG. Lo mismo que quieren ser los números uno académicamente, o deportivamente, también quieren ser los números uno en esta falsa solidaridad.

Solidaridad es compartir hasta lo necesario para vivir. ¿Cómo se aplica esto al sistema educativo? Poniendo a los empobrecidos en el centro de la acción y de los objetivos educativos. Se trata de hacer que la demanda profesional, de cualificación proceda de las necesidades de toda la humanidad. De promover que todos los niños tengan escuela presionando a gobiernos y sindicatos para la abolición real de la esclavitud infantil, lo que redundaría en una efectiva escolarización mundial y la liberación de horas para el cultivo personal.

Entendida la solidaridad como determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común el sistema educativo debe marcarse como objetivo la formación de personas capaces de acometer esta tarea desde la esperanza. Evidentemente y como hemos analizado esto no es lo que hacen los planes de enseñanza actuales, puesto que su objetivo como hemos visto es servir al imperialismo formando a los ciudadanos que necesita el sistema para sostenerse política y económicamente.

Un sistema educativo que se plantee la solidaridad debe dejar que la familia asuma el protagonismo que le corresponde por ser la primera escuela de solidaridad. La escuela que quiera ser solidaria debe desenvolverse unida a la construcción de poder social solidario. Decíamos más arriba que la escuela por sí sola no puede ser elemento transformador, pero unida a la acción cultural-política revolucionaria puede ser fundamental.

Es necesario formar la persona solidaria. La persona solidaria es aquella que desarrolla esa fuerza interior que es la angustia ante los males que padecen los empobrecidos. Angustia que está hecha de conciencia (de esos males), de esperanza (posibilidad de superarlos), y de deseo de entregarse a fondo y con urgencia a la acción que se estime necesaria frente a aquellos males.

El problema que una vez más se plantea a la escuela es cómo formar chicos que quieran comprometerse. Tal vez el problema no se pondría si nos dirigiéramos a pobres. La historia nos dice que los cambios humanos y sociales han sucedido siempre por el impulso de los pobres. No porque los pobres sean mejor que los ricos, sino porque tienen interés en cambiar las estructuras injustas. Es cierto que también los ricos pueden hacerse protagonistas del cambio. Pero antes deben convertirse. Convertirnos, ésta es la tarea más ardua que debe asumir la escuela, so pena de haber perdido el tiempo. Hoy el sentimiento más extendido es el de la impotencia y la desconfianza en nosotros mismos. Nos decimos que cambiar es imposible. La escuela debe combatir este sentimiento de desconfianza con todo su ser. A fin de cuentas debe enseñar a luchar, no por la perspectiva de las conquistas, sino porque sabemos que estamos en lo que es justo. Debe decir que el hombre vive un periodo de tiempo demasiado limitado para valorar los frutos de su entrega. Debe decir que los frutos de su entrega se recogen en la eternidad.

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