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Integración y legitimación social

Educación solidaria Los dos modelos educativos buscan legitimar el sistema político con dos palabras clave (también del Forum de Barcelona, no es casualidad):

Tolerancia:
Para el sistema los valores que fundamentan la democracia son la tolerancia, aceptación del otro, uso de la razón dialógica, respeto a minorías... La tolerancia con todo se ha convertido en un valor absoluto. Una de las mayores acusaciones que se te pueden hacer es la de intolerante. Se trata de “dejar hacer”. ¿A quién?. Al que manda, es decir al imperialismo. Los progres incluso se atreven a decir que “No es posible una educación cívica o moral si no se renuncia a la inculcación ideológica, a la reproducción de normas y valores”.¿Hay mayor estupidez que decir que no se puede educar la moral si no se renuncia precisamente a eso a educar? ¿Se puede pretender educar sin influir?. ¿No nos educa (esto es nos influye) permanentemente el imperialismo?. Sin duda ninguna el que más influye es aquel que, porque dice no influir, no cultiva el espíritu crítico incluso sobre lo que él mismo propone, anulando así la libertad de sus educados, convirtiéndolos en presa fácil de la manipulación.

Participación:
El director general de la UNESCO, Federico Mayor Zaragoza , en 1997, en la presentación del Informe Delors quiso resaltar la trascendencia de la participación para la democracia y para el destino de las personas cuando dijo que “si no participo no existo como ciudadano”, que el principio fundamental de la democracia es “contar y no ser contado”, que, para que se produzca la interacción entre la paz, el desarrollo y la democracia, todos los ciudadanos deben tener esta capacidad de intervenir en los asuntos públicos, de participar. La participación, además de convertirse en un valor educativo en sí misma es el cimiento de la sociedad civil, sin la que la democracia supuestamente no existiría. Fijaos con qué descaro la describe un manual de los que se estudian en la universidad: “pero la participación exige a nivel público solidaridad, empatía (ponerse en el lugar del que gobierna), argumentación racional, diálogo, responsabilidad compartida...”. Es decir que a la hora de juzgar la participación se trata de ponernos no en el lugar de los empobrecidos ni siquiera en el de los ciudadanos de un país, sino en el lugar de los que gobiernan.

El propio Informe Delors, Informe de la UNESCO sobre la educación en el siglo XXI, afirma: “La preparación para una participación activa en la vida ciudadana se ha convertido en una misión educativa tanto más generalizada cuanto que los principios democráticos se han extendido. En una primera concepción minimalista el objetivo es tan sólo el aprendizaje del ejercicio de la función social con arreglo a los códigos establecidos. El imperativo es el de la instrucción cívica concebida como una “alfabetización política” elemental. Se trata de hacer de la escuela un modelo de práctica democrática que permita a los niños entender a partir de problemas concretos cuáles son sus derechos y deberes. Conviene recurrir a la educación permanente para edificar una sociedad civil activa que, entre los individuos dispersos y el poder político lejano permita a todos asumir su parte de responsabilidad en la sociedad, al servicio de una auténtica solidaridad de destino”. De alejamiento entre políticos y sociedad tiene bastante experiencia Delors después de su paso por la presidencia de la Comisión Europea.

En definitiva se trata de legitimar este sistema político en el que se alejan de la sociedad los organismos de toma de decisiones con la participación como forma de tener buena conciencia (lo importante es participar nos decían de pequeños) y con la tolerancia como vacuna contra la rebeldía ante un sistema injusto, (como decía más arriba, hay que tener empatía con los que gobiernan). En estos dos objetivos están plenamente de acuerdo políticos de uno y otro partido, estudiosos de la educación... y demás burócratas. No hay más que ver las declaraciones de la Presidenta del Consejo Escolar del Estado: “El argumento de la religión en la escuela es una vergüenza nacional y religiosa (...) La religión principal de la escuela es la CONVIVENCIA y el CIVISMO...”. Cuando yo iba al colegio teníamos un libro que se llamaba “Con mucho gusto” en el que se enseñaban reglas de urbanidad, de civismo, buenas formas en definitiva, este es el planteamiento de la escuela actual, enseñar buenas formas que permitan sostener la democracia formal que tenemos. Lo que antes era la Formación del Espíritu Nacional de Franco, ahora se llama “Educación para la convivencia” y lo bendicen los progres, que creen que lo más revolucionario que pueden hacer para fomentar la democracia es hacer parlamentos en clase.

¿Por qué le interesa al sistema la participación?. Porque se trata de controlar el conflicto social mediante la integración. El Informe Delors cuenta el caso de una escuela de Harlem, barrio empobrecido de Nueva York, en la que mediante un programa para fomentar la participación de las familias en la escuela se había conseguido disminuir el % de absentismo de los alumnos. ¿Cuál era la preocupación que les movía? El conflicto social: delincuencia, violencia, bandas callejeras... Otra de las experiencias es la de Hungría, tras la caída del muro de Berlín, se diseñó un programa para fomentar la democracia formal desde las escuelas.

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